Entendamos el estrés y aprendamos a combatirlo

Estrés es un término que se utiliza ampliamente en la acelerada sociedad actual. A menudo, la exigencias diarias a las que estamos sometidos aumentan y se acumulan hasta un punto en que es casi imposible afrontarlas (presiones laborales, disputas familiares, apresuramientos, …). En realidad, estresante es cualquier cosa que cause una perturbación, como la exposición al frío o al calor, las toxinas del medio ambiente y las producidas por microorganismos, los traumas físicos y, por supuesto las reacciones emocionales fuertes.

El estrés fisiológico no es un enemigo, sino una respuesta natural ante un peligro real o imaginario, e indudablemente el resorte que activa mecanismos cerebrales imprescindibles para sobrevivir en momentos de peligro. El problema se presenta cuando ese sentimiento, acompañado de variados síntomas, permanece una vez que ha desaparecido la emergencia.

El estrés acciona un número de cambios biológicos conocidos como Síndrome general de adaptación que consta de tres fases: alarma, resistencia y, finalmente, agotamiento.

Reacción de alarma

También llamada respuesta de combate o huida. Va encaminada a contrarrestar el peligro mediante la movilización de los recursos del cuerpo para realizar una actividad física inmediata. Los mecanismos que pone en marcha son los siguientes:

  • Se activa la hormona del estrés. Las glándulas suprarrenales, siguiendo las órdenes del hipotálamo y la pituitaria, liberan grandes cantidades de cortisol, la hormona del estrés. Si se reciben dosis demasiado altas de esta hormona, la memoria queda afectada.
  • Aceleración del latido cardíaco. El sistema nervioso simpático, responsable del mantenimiento cardíaco y respiratorio, se muestra hiperactivo. El pulso y la tensión arterial aumentan y los pulmones se hiperventilan. Se incrementa la sudoración. Se produce piel de gallina.
  • Luchar o huir.Los sentidos se hiperactivan, buscando cualquier estímulo que permita identificar el peligro. Los músculos reciben “disparos” de adrenalina, preparando el cuerpo para una posible reacción, de lucha o huida.
  • Inhibición de la digestión. Los recursos del organismo se centran en identificar el peligro y prepararse para la acción. Para ello, se reducen otras funciones no imprescindibles, ahorrando recursos que, en ocasiones, provocan defecación involuntaria, escapes de orina y vómitos.

Reacción de resistencia

La reacción de resistencia permite al cuerpo seguir evitando un factor estresante mucho tiempo después de haber desparecido los efectos de la respuesta de combate o huida. Nuestro cuerpo facilita la energía y los cambios circulatorios necesarios para tratar con eficacia el estrés. La reacción de resistencia proporciona también los cambios necesarios para hacer frente a las crisis emocionales, desempeñar tareas vigorosas y evitar infecciones. Sin embargo, aunque estos cambios son necesarios, cuando el cuerpo se enfrenta al peligro, la prolongación de la reacción de resistencia o el estrés continuado aumentan el riesgo de enfermedades importantes y ocasionan el agotamiento.

Algunas de las situaciones fuertemente vinculadas al estrés psicológico son la angina de pecho, asma, catarro, depresíón, dolor de cabeza, enfermedades cardiovasculares, síndrome de intestino irritable, úlceras, artritis reumatoide, cáncer, diabetes tipo II, hiperetensión, trastornos menstruales, …

Agotamiento

Puede manifestarse como un colapso total de las funciones del cuerpo o como un colapso de órganos específicos. El estrés prolongado sitúa una carga tremenda sobre muchos sistemas del organismo, especialmente el corazón, vasos sanguíneos, suprarrenales y el sistema inmune.

Puesto que existen numerosas situaciones que provocan estrés en nuestro organismo, es muy dífícil evitarlas pero podemos ayudar a nuestro cuerpo a combatirlo con una serie de pautas:

  • Realizar ejercicio de manera regular: mejora la función cardiovascular, mejora del uso de oxígeno y nutrientes en todos los tejidos, aumenta la autoestima, el humor y el estado de ánimo y aumenta los niveles de resistencia y energía.
  • Practicar técnicas de relajación: buscan contrarrestar los efectos del estrés reduciendo el ritmo cardíaco, aumentando la producción de secreciones digestivas mejorando la digestión, disminuyendo el ritmo respiratorio y el sudor y normalizando los niveles de azúcar.
  • Tomar alimentos ricos en potasio: aguacate, espinaca cocinada, frijoles, patata, tomate, zanahoria, albaricoques secos, melocotón, melón, plátano, carne de pollo, bacalao, lenguado, salmón, …
  • Consumir alimentos ricos en otros nutrientes necesarios para que las glándulas suprarrenales fabriquen hormonas: vitaminas C y B6, cinc, magnesio y ácido pantoténico.
  • Toma de Panax Ginseng: protege contra la fatiga mental y física, proporciona resistencia contra el estrés y normaliza un estado anormal ocasionado por el exceso o deficiencia de algún factor fisiológico. Numerosos estudios han demostrado que el Ginseng posee la capacidad de mejorar la aptitud del ser humano para resistir situaciones sumamente estresantes, de incrementar la alerta mental y la producción laboral, y de mejorar la calidad de trabajo bajo situaciones estresantes y el rendimiento atlético.

El tratamiento del estrés es, simplemente, uno de los componentes de un estilo de vida saludable.

Fuentes:

Murray, M., Pizzorno, J. “Enciclopedia de madicina natural”

Apuntes del curso “Semiología y fisiopatología” de Laia Naturopatía, por Silvia Cardona.

Las informaciones contenidas en este artículo se publican únicamente con fines informativos y no pueden ser consideradas como recomendaciones médicas personalizadas. No debe seguirse ningún tratamiento basándose únicamente en el contenido de este artículo, y se recomienda al lector que para cualquier asunto relacionado con su salud y bienestar, consulte con profesionales de la salud.