SIBO, sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado

Aunque últimamente oímos hablar más de él, no es un concepto nuevo sino que ya hace años que se identificó como una causa de mala digestión y malabsorción. En estos últimos tiempos se ha relacionado con muchas alteraciones de salud, y no sólo digestivas sino también neurológicas, hormonales, hepáticas, etc.

El SIBO (small intestine bacterial overgrowth , por sus siglas en inglés) es un síndrome ocasionado por un crecimiento excesivo del número de bacterias presentes en el intestino delgado que provienen del intestino grueso. En el intestino delgado solamente hay presencia de una pequeña cantidad de cepas bacterianas y es el intestino grueso donde las encontramos en mayor variedad y cantidad. El SIBO es una disbiosis, y su aparición provoca síntomas gastrointestinales inespecíficos como distensión, flatulencia, dolor abdominal, diarrea, dispepsia o pérdida de peso debido a la malabsorción. Claramente se ven afectadas la función y la estructura intestinal.

Cuidado que el SIBO se puede confundir o asociar con otros problemas digestivos como dispepsia, síndrome del intestino irritable, candidiasis, etc. Es difícil de diagnosticar y se caractariza, sobre todo, por hinchazón abdominal, gases en exceso, gases malolientes, retortijones o cólicos, mal aliento, heces que flotan o que son blandas. Para diagnosticarlo, lo más habitual es la prueba del aire aspirado de lactulosa, para medir los niveles de hidrógeno y metano, dos gases que producen las bacterias cuando fermentan. Pero es una prueba que solamente se hace en laboratorios privados y que muchos digestólogos todavía no conocen.

Las causas más comunes y que hacen que algunas personas seamos más susceptibles a tener SIBO son:

  • La válvula ileocecal no cierra bien y esto provoca que parte de las bacterias del intestino grueso suban al delgado. El motivo puede ser genético, de malformación, por inflamación de la mucosa intestinal, por estrés.
  • Exceso de azúcares y carbohidratos, que hace que crezca un exceso de bacterias problemáticas e inflamen la mucosa.
  • Falta de secreción de jugos digestivos (gástrico, bilis, pancreático,…). Los jugos digestivos controlan la propagación de las bacterias.
  • Estreñimiento y otras disfunciones intestinales como celiaquia, enfermedad de Crohn, síndrome del intestino irritable, etc.
  • Falta de ejercicio físico, que es clave para activar la motilidad del intestino: el movimiento propio que lo empuja todo hacia abajo, que tiene lugar gracias al complejo motor migratorio (CMM, unas contracciones específicas que empiezan en el estómago y llevan los restos de alimentos hacia el intestino grueso y el exterior) y que se da en los períodos entre digestiones, de al menos 4 horas, o en ayunas.
  • Diabetes tipo I y tipo II.
  • Consumo de antibióticos.
  • Edad avanzada. Estrés, ansiedad, depresión.

Recomendaciones

  • Dieta Fodmap extricta.
  • Antibióticos, ya sean de laboratorio farmacéutico o naturales, como el aceite esencial de orégano, el ajo, la berberina, la artemisa, etc. (consulta a un profesional de la salud). Otra opción es tomar una cucharada de aceite en ayunas con zumo de limón y jengibre rallado.
  • Asegúrate de producir suficiente ácido clorhídrico, jugos pancreáticos y bilis.
  • Deja un espacio de almenos 4 horas entre comida y comida, para favorecer el CMM o complejo motor migratorio.
  • Toma una cucharada de aceite de oliva con limón antes de cada comida.
  • Elimina aquellos alimentos que pueden provocar inflamación intestinal como el gluten y los cereales en general, los lácteos, el azúcar, la soja y las legumbres.
  • Reparar la pared intestinal con L-glutamina.
  • Evita el estrés, realiza ejercicio físico, practica actividades relajantes y duerme las horas necesarias.

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