Somos lo que comemos

Iris Monclús, alumna de Laia Naturopatía, nos hace reflexionar en este artículo personal sobre el documental Documentos TV – “Somos lo que comemos” del 19 de junio de 2002 y también del artículo, “Somos lo que comemos” de la revista Agenda Viva.

El documental es un recorrido por la industria agroalimentaria de los Estados Unidos y España en el año 2001, cuando ya existía la preocupación por lo que comíamos. Os dejamos el enlace http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/somos-comemos/2176359/

La alimentación ha sido desde hace años un tema que me ha causado mucho interés. En mi casa mi madre siempre ha tratado que tuviésemos una dieta rica y variada, muy diferente a lo se veía por ahí. Ya de bien pequeña estaba acostumbrada a comer diferente a mis amigos, recuerdo mis bocadillos de pan integral para almorzar y los boles de frutas de la merienda, mientras ellas comían todo tipo de dulces suculentamente procesados. Cuando de pequeña casi me quedo sorda por mi intolerancia a la proteína de vaca que encontramos en la leche y los médicos convencionales me diagnosticaron una bronquitis crónica con solo 3 años, mi madre decidió llevarme a una naturópata, la cual retiró los productos lácteos y con ello una infinidad de alimentos que contienen leche.

somos lo que comemos

Muchos años después sigo intentando tomar la mínima cantidad de alimentos que contengan leche, pero además he ido siendo consciente de que hay más alimentos que no me sientan demasiado bien. Como en casa la alimentación muy importante, sale a menudo como tema de conversación de los domingos, recuerdo que mi abuela siempre solía decir “yo he bebido leche durante toda mi vida y estoy perfectamente” o “antes la gente comía pan como primer alimento y ahora parece que sea innombrable”. Hoy en día, ella también es consciente de que los alimentos que consumimos actualmente no tienen nada que ver con los que ella comía cuando era pequeña.

El principal problema viene en que hemos infravalorado el poder de la alimentación hasta tales que hoy en día prácticamente todos los alimentos que consumimos tienen un valor nutricional de 0 en comparación con el que nuestros abuelos consumían. La ansia de enriquecerse con la venta de comida basura a precios bajos ha hecho que la calidad de lo que se consume no tenga interés y la importancia recaiga en que tenga buena presencia, sea suculento y increíblemente adictivo.

A día de hoy, los alimentos que consumimos, o bien han sido modificados genéticamente, o se les ha administrado de hormonas y antibióticos, o contienen metales pesados o han sido tan tratados para la sobreproducción a gran escala que no se pueden comparar con lo que eran en su inicio. Por ejemplo, cuando antiguamente se consumía leche de vaca, sabías que esa leche provenía directamente de la vaca sin ningún tipo de procesamiento porque venía el lechero con las botellitas recién extraídas de los animales y había que hervirla en casa previamente para poderla consumir. Esta leche no había pasado por ningún proceso de pasteurización de modo que conservaba todas sus propiedades, hoy en día esta leche ha sido tan tratada para eliminar los patógenos y las grasas que ha perdido tanto el valor nutricional como su naturaleza volviéndose indigerible para muchos.

Por otro lado hay que hablar del lamentable trato que se les da a los animales en las granjas de producción actualmente. El aumento de la producción y la necesidad de abarcar a todos los consumidores por parte de las grandes empresas, ha hecho que las pequeñas granjas idílicas en las que los animales pasturaban libremente vayan desapareciendo sustituyéndose por empresas de producción masiva de ganadería. Su único interés es ser capaces de vender la mayor cantidad de producto, de modo que realizan prácticas inhumanas como inyectarles hormonas, tenerlos amontonados en pocos metros y obligarlos a producir sin descanso y sin importar el estado en que se encuentren. Sinceramente, creo que estas prácticas de estar prohibidas, después de ver el documental, creo que es como para no mirar las etiquetas de todos los productos que compramos, pero como de fácil es mirar hacia otro lado e imaginar que estas cosas no suceden. El trato que se les da a los animales es repugnante y muy preocupante, ¿cómo hemos podido llegar a permitir que el capitalismo haga esto con nuestras vidas? ¿Cómo hemos llegado al punto de permitir que los productos que comemos estén repletos de tóxicos que dañan nuestra salud y nos van matando lentamente? ¿Cómo es posible que a pesar de ser conscientes de ello sigamos permitiéndoles que hagan lo que quieran con nosotros?

En primer lugar es lamentable que los políticos permitan estas prácticas a sabiendas de sus consecuencias, que les dé completamente lo mismo que la población que gobiernan se vaya envenenado poco a poco y sabiendo que con varias leyes podrían reducir este problema. Es muy triste que el dinero este por encima de todo, que el enriquecerse se anteponga a la salud de las personas, que el trato a los animales no importe nada y que el estado de los alimentos no esté más valorado. Pero no se les puede echar toda la culpa a los políticos, ya que los consumidores tenemos el poder de decidir, de elegir a nuestros gobernantes, de elegir lo que comemos y de escoger lo que nos viene mejor.

Cierto es que los productos orgánicos y ecológicos son mucho más caros y en la nefasta crisis que seguimos arrastrando no siempre es fácil escoger la mejor opción si no la más barata. Pero aun así deberíamos de pensar a largo plazo, deberíamos valorar que cuanto más sanos estemos, a la larga más beneficioso va a ser, más productivo y más gratificante. En cuanto a los comercios, sabemos que los grandes supermercados seguirán escogiendo siempre el producto que más beneficio les vaya a dar, sin importar su calidad. Pero si las leyes les prohibieran o pautaran una serie de normas que cumplir y los productos pasarán unos controles de calidad apropiados para contribuir a la mejora de la salud del consumidor probablemente sería más sencillo. Y si no siempre podemos contar con los pequeños comercios donde el producto está mucho más cuidado, más valorado y es mucho más real.

 

El hecho de que todo lo que comamos hoy en día este repleto de químicos y toxinas no hace más que golpear nuestra salud. Pues como no vamos a enfermarnos más cada día si todo aquello que ingerimos, inhalamos o bebemos está repleto los peores compuestos que nos podamos imaginar. Si seguimos con la comparación con nuestros abuelos, que diferencia más grande los alimentos providentes del campo o las granjas de antes en relación con el de hoy en día del centre los pesticidas, medicamentos y conservantes. De modo que deberíamos plantearnos cuán importante es la calidad de todo lo que comemos, pues cuanto más libres de todas las toxinas más beneficiaran nuestro cuerpo, y menos aportaran complicaciones a este. Pues la sobreexposición diaria a todos estos tóxicos nos deteriora la salud produciendo enfermedades que ni somos conscientes que tiene relación. Enfermedades como el asma, la dermatitis, el TDAH, las alergias, la fibromialiga o el cáncer están directamente relacionadas con alergias e intolerancias a alimentos, por suerte actualmente existen muchos estudios que empiezan a demostrarlo y siguen trabajando en ello. Aun así no es un tema fácil, pues las grandes multinacionales, las farmacéuticas y los políticos tienen mucho que ver en que estos temas no lleguen la población pues podría poner complicaciones en su enriquecimiento gracias que los problemas de salud de los consumidores.

En conclusión, es primordial anteponer nuestra salud y el valor de los alimentos que consumimos ya que en ello recae la diferencia entre fortalecer nuestro organismo o dañarlo.